Sueña con un lugar en el que lejos del mundanal 
ruido de la ciudad, podría a su manera, descansar, 
pasear, soñar, reflexionar e incluso… trabajar, solo 
o en pequeños grupos.

 

 

   

En Vougné, en el centro del soto poitevin, a dos horas de tren (TGV)
de París, Elisabeth Roland-Gosselin y su hijo Bernard le acogen
en su casa para estancias cortas o largas y para  compartir su biblioteca,
su parque arbolado, su asombroso bosque y la protección tutelar de
su cedro bicentenario